Édouard Manet (23 de enero de 1832 - 30 de abril de 1883). Célebre pintor francés, uno de los iniciadores del impresionismo.
Biografía del pintor francés Édouard Manet (1832-1883)
Édouard Manet (23 de enero de 1832 - 30 de abril de 1883). Célebre pintor francés, uno de los iniciadores del impresionismo.
Édouard
Manet nacio en el seno de una familia de abolengo,
Manet pronto dejó la carrera naval para dedicarse a la
pintura.
La carrera
artística de Édouard Manet comenzó hacia 1850 en el estudio
de Thomas Couture, un
pintor en absoluto estrecho de miras como profesor. Allí
Édouard Manet estuvo durante casi seis años y, al mismo
tiempo, pudo copiar en el Louvre cuadros no sólo de Tiziano,
Rembrandt y Velásquez, sino también de
Goya, Delacroix, Courbet y Daumier.
De Couture aprendió que para ser un gran maestro hay que escuchar las enseñanzas de los que lo han sido en el pasado, por ejemplo, pero, por desgracia, el profesor era un antirrealista fanático y convencido.
Enfurecido por las mofas que Édouard Manet hacía con respecto al Premio de Roma, Couture le dijo que nunca llegaría a ser otra cosa que el Théodore Rousseau de su época. Después de esto, Édouard Manet hizo su propia síntesis personal de la historia de la pintura y de lo que podía aprender viendo grabados japoneses. Y es que el pintor Édouard Manet fue siempre un extraño ecléctico. En este sentido, Bownes se muestra bastante convincente al demostrar que, de joven, sin llegar a considerarse un innovador, Manet sí trataba de hacer algo nuevo: Buscaba crear un tipo libre de composición que estaría, sin embargo, tan herméticamente organizada en su superficie como los cuadros de Velázquez.
Desde 1853
hasta 1856 Édouard Manet se dedicó a viajar por Italia, los
Países Bajos, Alemania y Austria, copiando a los grandes
maestros.
En 1859 Édouard Manet presentó por primera vez al Salón su Bebedor de ajenjo, un cuadro que permitía sin problemas adivinar su adoración por Frans Hals, pero que provocó una turbulenta reacción en el público y en el jurado, inexplicable sin duda para un Édouard Manet que durante toda su vida lo único que buscó fue el éxito dentro de la respetabilidad.
En los años sesenta, sin embargo, su pintura de tema español, tan de moda por entonces en Francia, fue bastante bien acogida y en 1861 el Salón acepta por primera vez un cuadro de Édouard Manet , el Guitarrista español.
En realidad, Édouard Manet nunca fue un impresionista en el sentido estricto de la palabra. Por ejemplo, jamás expuso con el grupo y nunca dejó de acudir a los Salones oficiales, aunque le rechazaran. Sus objetivos no eran compatibles con los de los impresionistas, por mucho que se respetaran mutuamente.

El tono general de la obra de Édouard Manet no es el de un pintor radical del campo únicamente preocupado por el mundo visual. Él es un sofisticado habitante de la ciudad, un caballero que se ajusta en todo al concepto decimonónico de dandi: un observador distante, refinado, que contempla desde una elegante distancia el espectáculo que le rodea. Desde este punto de vista, Édouard Manet concluye el que será, sin duda, uno de sus cuadros más escandalosos, rechazado en el Salón de 1863 y expuesto en el de los Rechazados, Desayuno sobre la hierba.
El reto lo planteaba una realidad contemporánea, los bañistas del Sena, y la escena estaba reformulada en el lenguaje de los viejos maestros (el cuadro está claramente inspirado en la Fiesta campestre del Giorgione), compitiendo con ellos y, al mismo tiempo, subrayando las diferencias. Las escenas con el tema del ocio en el campo estaban ya muy enraizadas en el arte occidental y abundaban tanto en las ilustraciones populares como en el arte académico, pero el cuadro de Édouard Manet pertenece a un orden distinto, desconcertante por la evidente inmediatez con que se enfrenta al espectador.

Este cuadro obtuvo la repulsa unánime del público y la crítica. Sólo lo aceptaron y comprendieron sus compañeros los jóvenes pintores del momento. Lo que escandalizó no fue el desnudo en sí, sino el modo de presentación con vestimentas modernas y un cuerpo femenino vulgar, lejos de la perfección. Los críticos de hoy dicen que con esta actitud "se hizo evidente la hipocresía moral de la época." El crítico Ernest Chesneau (que años después sería el mayor entusiasta de la obra de Édouard Manet ) escribió lo siguiente:
"El señor Édouard Manet tendrá talento el día en que aprenda dibujo y perspectiva; tendrá gusto el día en que renuncie a los temas que escoge con miras al escándalo... No podemos considerar como una obra perfectamente casta el sentar en el bosque, rodeada de estudiantes con boina y gabán, una joven vestida solamente con la sombra de las hojas... El señor Édouard Manet quiere alcanzar la celebridad asombrando a los burgueses."
Sin embargo, pese a la aparente unidad del grupo, cada figura es una entidad separada, absorta en su propia actitud o meditación, de manera que ningún tipo de conexión narrativa puede explicar el conjunto. Y esta sensación de ruptura hace que el cuadro parezca desintegrarse en una especie de collage de partes independientes que sólo por un instante se agrupan gracias a su parecido, prestado, con el orden renacentista.
Pero más
escandalosa todavía fue la Olympia, pintada por Édouard
Manet en 1863 pero no presentada al Salón hasta 1865, donde
naturalmente fue rechazada. Entre las razones por las que
este cuadro iba a resultar chocante no son las menos
importantes el hecho no sólo de que es una clara parodia de
una obra renacentista (la Venus de Urbino del Tiziano), sino
también una flagrante descripción de los hábitos sexuales
modernos.
Édouard Manet sustituye en él a una diosa veneciana del amor y la belleza por una refinada prostituta parisina. Pero lo que realmente desconcertó a los críticos de la época es que Édouard Manet no la sentimentalaza ni la idealiza, y Olimpia no parece ni avergonzada ni insatisfecha con su trabajo. No es una figura exótica o pintoresca. Es una mujer de carne y hueso, presentada con una iluminación deslumbrante y frontal, sobre la que el pintor muestra un perturbador distanciamiento que no le permite moralizar sobre ella.
Ambas
obras entusiasmaron a los pintores más jóvenes por lo que
suponían de observación directa de la vida contemporánea,
por su naturalidad y por su emancipación técnica, y Édouard
Manet se convirtió así, casi sin quererlo, en el personaje
principal del grupo que se reunía en el Café Guerbois, la
cuna del
Impresionismo.
En 1867, hacia la época de la Segunda Exposición Universal en París, Édouard Manet, muy desalentado por su mal recibimiento en el Salón oficial, decidió seguir el ejemplo de Courbet unos años antes y dispuso, con su propio dinero, un pabellón donde presentó cerca de cincuenta obras sin, desde luego, ningún éxito público.
En el prólogo del catálogo es muy probable que le ayudara su amigo el novelista Emile Zola porque, de hecho, para su pintura durante toda la década de 1860, Édouard Manet contó con el apoyo escrito de Emile Zola desde su puesto de crítico de arte para la revista semanal L'Evenement. Bajo estas circunstancias Édouard Manet pintó de él en 1867-68, un retrato a la vez extraño y programático.
Ningún
pintor del grupo
impresionista ha sido tan discutido como Édouard Manet.
Para algunos, Édouard Manet fue el pintor más puro que haya
habido jamás, por completo indiferente ante los objetos que
pintaba, salvo como excusas neutras para situar un contraste
de líneas y sombras. Para otros, construyó simbólicos
criptogramas en los que todo puede ser descifrado según una
clave secreta, pero inteligible. Para algunos, Édouard
Manet fue el primer pintor genuinamente moderno, que liberó
al
arte de sus miméticas tareas. Para otros, Édouard Manet
fue el último gran pintor de los
viejos maestros, demasiado enraizado en una multitud de
referencias histórico-artísticas.
Algunos creen todavía que Édouard Manet fue un pintor de deficiente técnica, incapaz completamente de conseguir una coherencia espacial o compositiva. Otros piensan, por fin, que fueron precisamente estos "defectos" los que constituyeron su deliberada contribución a las drásticas y enormemente fructíferas transformaciones que introdujo en la estructura pictórica.

La música en las Tullerías (La Musique aux Tuileries ), 1862, 76 x 118 cm, National Gallery (Londres)
Olympia, 1863, 130,5 x 190 cm, Museo de Orsay (París)
Desayuno sobre la hierba (Le Déjeuner sur l'herbe), 1863, 208 x 264,5 cm, Museo de Orsay (Paris). También conocida por Almuerzo campestre
El pífano (Le Joueur de fifre), 1866, 161 x 97 cm, Museo de Orsay (París)
La ejecución del emperador Maximiliano (L'Exécution de Maximilien), 1868, 252 x 305 cm, Städtische Kunsthalle (Mannheim)
Retrato de Émile Zola (Portrait d'Émile Zola) 1868, 146 x 114 cm, Museo de Orsay (París)
El almuerzo 1868, 118 x 154 cm, Neue Pinakothek, (Múnich)
El balcón hacia 1868, 170 x 124,5 cm, Museo de Orsay, (París)
Monet en su barca a orillas del Sena (Claude Monet peignant dans son atelier) 1874, 50 x 64 cm, Neue Pinakothek, (Múnich)
Argenteuil 1874, 149 x 115 cm, Museo de Bellas Artes (Tournai)
El bar del Folies Bergère (Un bar aux Folies Bergère) 1882, 96 x 130 cm, Courtauld Institute (Londres)
Claveles y clemátides en un jarro de cristal 1882, 55 × 34 cm, Museo de Orsay (París)
Amazona de frente, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

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