
Francisco de Goya y Lucientes
La inquisición
y Goya : Las pinturas Negras de Goya
Biografía : Francisco de Goya y Lucientes(1746 -1828) Tres partes Biografía Goya Una Biografía Goya Tres


Cuadros de Francisco de Goya

de
Francisco GoyaGoya y la inquisición
Edward
Peters, en su libro Inquisición (1989), persigue la
transformación de la Leyenda Negra de la Inquisición dentro
del arte, desde el siglo XIX hasta el siglo XX. Esta Leyenda
Negra ya no es exclusivamente española, aunque se basa
claramente en el modelo español de la Inquisición. Para
Peters, la Leyenda Negra será universalizada en el siglo XIX
por dos grandes artistas: Goya y Dostoyevski.
El único gran pintor que empleó el tema de la Inquisición en su obra fue Francisco de Goya. Será en sus apuntes, en el llamado Álbum C, realizados entre 1803 y 1824, en los que expresará con más libertad y furia su resentimiento hacia la Inquisición, señalando la frivolidad con que la Inquisición perseguía a sus víctimas. Uno de los apuntes más sobrecogedores es el de Galileo, Por descubrir el movimiento (sic) de la tierra, encadenado a un enorme asiento de piedra, inmóvil, denunciando con ello que fue enjuiciado Galileo porque se atrevió a discutir el modelo geocéntrico del Universo. Hacia 1820, la visión de Goya con respecto a la Inquisición cambió. De ser considerada una institución anticuada, que se asienta sobre supersticiones y un pueblo ignorante, una institución específicamente española, pasa a convertirse en un símbolo de la injusticia universal, que opera por igual en todas partes, con el mismo propósito y sus víctimas ya no sólo son locos o ignorantes -como se ve en sus Caprichos- , sino también los inocentes, los sabios y los héroes.
Las pinturas negras de Goya
Pinturas Negras (1819 - 1823) es el nombre que recibe una serie de catorce cuadros de Francisco de Goya pintados con la técnica de óleo al seco (sobre la superficie de revoco de la pared) como decoración de los muros de su casa, llamada la Quinta del Sordo, que el pintor adquirió en febrero de 1819 y que fueron trasladadas a lienzo en 1873. Actualmente se conservan en el Museo del Prado de Madrid.
La serie, de pinturas negras a cuyos óleos Goya no puso título, fue catalogada en 1828 por el amigo de Goya Antonio Brugada y se compone de los siguientes lienzos: Átropos o Las Parcas, Dos viejos o Un viejo y un fraile, Dos viejos comiendo sopa, Duelo a garrotazos o La riña, El Aquelarre, Hombres leyendo, Judith y Holofernes, La romería de San Isidro, Mujeres riendo, Peregrinación a la fuente de San Isidro o Procesión del Santo Oficio, Perro semihundido o más simplemente El perro, Saturno devorando a un hijo, Una manola: doña Leocadia Zorrilla y Visión fantástica o Asmodea.
La casa de Goya, junto con los cuadros, pasaron a ser propiedad de su hijo Javier Goya en 1823, año en que Goya, al parecer para preservar su propiedad de posibles represalias tras la restauración de la Monarquía Absoluta y la represión de liberales fernandina, se la cede. Desde entonces hasta fines del siglo XIX la existencia de las «Pinturas negras» fue escasamente conocida (solo algunos críticos, como Charles Yriarte las describieron) y en 1873, ante el inminente derribo de la finca, las pinturas negras fueron trasladadas de revoco a lienzo por Salvador Martínez Cubells a instancias de Frédéric Émile d’Erlanger, un banquero belga, que tenía intención de venderlos en la Exposición Universal de París de 1878. Sin embargo, él mismo donó, las pinturas negras en 1876, al Museo del Prado, donde actualmente se exponen.
Las
Pinturas Negras en su contexto original

Goya adquiere esta finca a orilla del Manzanares, justo enfrente de la ermita y pradera de San Isidro, en febrero de 1819, quizá para vivir allí con Leocadia Weiss a salvo de rumores, pues esta estaba casada con Isidoro Weiss. Era la mujer con la que Goya tenía una relación y posiblemente una hija pequeña, Rosario, de los dos niños que tenían a su cargo. Como en noviembre de ese año Goya sufre una grave enfermedad —de la que Goya atendido por el doctor Arrieta (1820) es estremecedor testimonio—, el artista pudo haber comenzado la decoración de los muros de su casa con las Pinturas Negras ,entre febrero y noviembre de 1819. Lo cierto es que las Pinturas Negras fueron pintadas sobre imágenes campestres de pequeñas figuras, cuyos paisajes aprovechó en alguna ocasión,Goya como en el Duelo a garrotazo
Si estas pinturas de tono alegre fueron también obra del aragonés, podría pensarse que la crisis de la enfermedad unida quizá a los turbulentos sucesos del Trienio Liberal, llevara a Goya a repintar estas imágenes. Bozal se inclina a pensar que efectivamente los cuadros preexistentes eran de Goya, debido a que solo así se entiende que reutilizara alguno de sus materiales; sin embargo, Glendinning asume que las pinturas «ya adornaban las paredes de la Quinta del Sordo cuando la compró». En todo caso, la realización de las pinturas de la quinta podría ( Pinturas Negras ) datar de 1820. La fecha de finalización de la obra no puede ir más allá de 1823, año en que Goya marcha a Burdeos y cede la finca a su hijo Javier, probablemente temiendo represalias contra su persona tras la caída de Riego.
Una reciente teoría ha querido atribuir la autoría de las Pinturas Negras a su hijo Javier; sin embargo Bozal y Glendinning, dos de los máximos conocedores de la obra pictórica de Goya, rechazan esta hipótesis. Es difícil imaginar que este hecho extraordinario no fuera conocido por sus contemporáneos. La técnica pictórica, la calidad de la pincelada, los tipos humanos grotescos, los temas obsesivos, que ya están presentes en la obra goyesca anterior y posterior, hacen infundada la atribución a Javier Goya.
El inventario de Antonio Brugada de las Pinturas Negras menciona siete obras en la planta baja y ocho en la alta. Sin embargo al Museo del Prado solo llegaron siete. Charles Yriarte (1867) describe asimismo una pintura más de las que se conocen en la actualidad y señala que esta ya había sido arrancada del muro cuando visitó la finca, siendo trasladada a otra de Vista Alegre, que pertenecía al marqués de Salamanca. Muchos críticos consideran que por sus medidas y su tema, esta sería Cabezas en un paisaje (Nueva York, colección Stanley Moss).
El otro
problema de ubicación radica en la titulada Dos viejos
comiendo sopa, de la que desconocemos si era sobrepuerta de
la planta alta o baja. Este detalle aparte, la distribución
original en la Quinta del Sordo era como sigue
Planta baja: Se trataba de un espacio rectangular. En los lados largos existían dos ventanas cercanas a los muros cortos. Entre ellas aparecían dos cuadros de gran formato muy apaisado: La romería de San Isidro a la derecha, según la perspectiva del espectador y el Aquelarre a la izquierda. Al fondo, en el lado corto enfrentado al de la entrada, una ventana en el centro con Judith y Holofernes a su derecha y el Saturno devorando a un hijo a la izquierda. A ambos lados de la puerta se situaban La Leocadia (frente a Saturno) y Dos viejos o Un viejo y un fraile frente a Judith.
Planta alta: De las mismas dimensiones que la planta baja, sin embargo solo tenía una ventana central en los muros largos, a cuyos lados se situaban dos óleos. En la pared de la derecha conforme se entraba se hallaban Visión fantástica o Asmodea cerca del espectador y Procesión del Santo Oficio más alejada. En el de la izquierda estaban Átropos o Las Parcas y Duelo a garrotazos sucesivamente. En el muro corto del fondo se veía Mujeres riendo a la derecha del vano y a la izquierda Hombres leyendo. A mano derecha de la puerta de entrada se encontraba El Perro y a la izquierda pudo situarse Cabezas en un paisaje.
En una de las sobrepuertas estaría Dos viejos comiendo sopa, que Glendinning localiza en la de la sala baja.
Esta disposición y el estado original de las obras ( Pinturas Negras ) podemos conocerlos, además de los testimonios escritos, por el catálogo fotográfico que in situ llevó a cabo J. Laurent por encargo del Museo del Prado en previsión del derribo de la casa de campo entre 1863 y 1873. Por ellos sabemos que las Pinturas Negras fueron enmarcadas con moldes de yeso clasicistas de cenefas, al igual que las puertas, ventanas y el friso bajo el cielo raso. Las paredes fueron empapeladas, como era costumbre en las residencias palaciegas y burguesas, con material procedente de la Real Fábrica de Papel Pintado promovida por Fernando VII. La planta inferior con papel pintado de frutos y hojas y la superior con dibujos geométricos organizados en líneas diagonales. También documentan las fotografías el estado anterior al traslado, y así podemos saber, por ejemplo, que en El Aquelarre había un fragmento a la derecha que no se conserva en la actualidad.
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Artes de España las pinturas negras de Francisco Goya
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