Biografía de Ticiano
Tiziano Vecellio o Vecelli, conocido tradicionalmente en español como Tiziano o Ticiano (Pieve di Cadore, Belluno, h. 1485 - Venecia, 27 de agosto de 1576), pintor italiano del Renacimiento, uno de los mayores exponentes de la Escuela veneciana.
Segunda parte de 5
Una, dos , tres, cuatro , cinco
Consolidación de Tiziano (1530 - 1550)
Durante este periodo (1530-1550),
tal y como se podría suponer a la vista del
Martirio de San Pedro de Verona,
Tiziano se dedicó a cultivar un estilo cada
vez más dramático. En este momento, pintó
La batalla de Cadore, una escena
histórica, la más característica de las
obras ticianescas perdidas o mutiladas. El
artista se esforzó por plasmar
magistralmente el movimiento del tumulto, en
su representación más violenta del heroísmo.
Rivaliza el lienzo con otras pinturas
bélicas como
La batalla de Anghiari de
Leonardo da Vinci o La batalla de
Puente Milvio de
Giulio Romano. La batalla de Cadore
se destruyó en
1577 en el incendio del
Palacio Ducal, junto con la mayoría de
las pinturas antiguas que lo decoraban. Sólo
existen una mala e incompleta copia en la
Galería Uffizi y un mediocre grabado de
Fontana. De igual manera, la
Alocución del marqués del Vasto (Museo
del Prado,
1541) también fue parcialmente afectada
por el incendio del
Alcázar madrileño en
1734.
La pintura religiosa más representativa de este periodo es la Presentación de María en el Templo (Galería de la Academia, 1534-39), uno de sus lienzos más populares o el Ecce Homo (Kunsthistorisches Museum de Viena, 1541), de singular patetismo y realismo proto-barroco. La Escuela de Bolonia y Rubens tomaron prestado, en muchas ocasiones, del espíritu de esta obra, la magistral puesta en escena. El notable efecto conmovedor de los caballos, soldados, sacerdotes y multitud en general a los pies de la escalera, alumbrados todos por antorchas y con las ondas de las banderolas en el cielo, ha sido utilizado con frecuencia en época posterior.
Menos éxito tuvieron los
frescos de la cúpula de Santa Maria
della Salute (Muerte de Abel,
Sacrificio de Abraham y David y
Goliat). Estas tres escenas violentas
del
Antiguo Testamento fueron pintadas con
extremo realismo, el cual se acentuaba
debido a su visión en perspectiva del
observador (como en las escenas de la
Capilla Sixtina). Los frescos, que se
consideraron poco apropiados en su momento,
fueron sin embargo muy admirados e imitados
con posterioridad. Rubens, entre otros,
aplicó el mismo sistema en los cuarenta
paneles del techo (de los que sólo quedan
los
bocetos) de la iglesia
jesuita de
Amberes.
Las buenas relaciones que mantuvo con la corte de Mantua le van a proporcionar contactos que supondrían su consagración como retratista. En 1530, pudo pintar a Carlos I de España, que se había desplazado a Bolonia con motivo de su coronación imperial como Carlos V. El emperador le pagó sólo un ducado por el retrato, al que añadió ciento cincuenta más de su bolsa el propio duque Federico II Gonzaga, quien poco después le concedería el beneficio de Médole a su hijo Pomponio, que se había decidido por la carrera eclesiástica. Su amigo, el tratadista Sebastiano Serlio, le puso en contacto con una nueva corte: Urbino, cuyo duque, Francesco Maria della Rovere, le encargó un retrato vestido con la rica armadura de condottiero. La maestría de Tiziano para el retrato le otorgó una amplia fama durante toda su vida. Pintó fielmente a príncipes, duques, cardenales, monjes, artistas y escritores. "[...] ningún otro pintor tuvo tanto talento para extraer de cada fisonomía rasgos a la vez característicos y bellos".El reflejo de la psicología de los retratados, la claridad de los rasgos y la instantaneidad de las figuras elevan a Tiziano a la altura de los mejores retratistas de la Historia, como Rembrandt o Velázquez.
También realizó para Guidobaldo della Rovere, el hijo del duque, la famosa Venus de Urbino (Galería Uffizi), en 1538. El tema de la diosa Venus es recurrente en el maestro véneto y tras realizar esta obra, debido a su viaje a Roma, aumentó su interés por la diosa romana: Venus y Adonis (Museo del Prado), Venus recreándose en la música (dos versiones, en Madrid y en Berlín), Venus del espejo (Galería Nacional de Arte de Washington).
Pintó por segunda vez al emperador Carlos en
1533 en Bolonia, recibiendo esta vez un
pago auténticamente regio e iniciando una de
las relaciones más sólidas entre un artista
y un comitente, que duraría más de un cuarto
de siglo. El rey nombró a Tiziano "pintor
primero" de la corona de España, "conde del
Palacio Lateranense, del Consejo Aúlico y
del Consistorio", al tiempo que fue
designado caballero de la Espuela de Oro,
con espada, cadena y espuela de oro. Sus
hijos, asimismo, fueron elevados a la
dignidad de Nobles del Imperio. En
1548 se requirió su presencia en la
Dieta Imperial celebrada en
Augsburgo, donde pintó el innovador
retrato ecuestre del emperador en la
batalla de Mühlberg, todo un símbolo del
poder imperial. Su estancia en la ciudad
alemana le brindó la oportunidad de conocer
a la nobleza local, al
duque de Alba, al ilustre prisionero
Juan Federico I de Sajonia y a la reina
María de Hungría. Ésta le encargó la
serie de los cuatro "condenados" o las
"furias" para la decoración de su estudio,
que consta de Los suplicios de Prometeo y
Tántalo, perdidos ambos, y los de
Sísifo y Ticio, conservados en el
Prado.
Fue éste el momento de mayor prestigio social y prosperidad económica. En 1540 recibió una pensión anual de 200 coronas de Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto y gobernador del Milanesado, que posteriormente sería doblada por el emperador a cargo del tesoro de Milán. Otra fuente de ingresos fue el contrato obtenido en 1542 para abastecer de grano a Cadore, sitio que visitó casi cada año y donde tenía mucha influencia por ser su pueblo natal.
Tiziano tenía una villa favorita en la
vecina colina de Manza, desde la cual (debe
deducirse por su similitud) el maestro debió
realizar sus comentarios sobre paisajismo,
sus formas y efectos. La presunta casa de
Tiziano, constantemente discernible en sus
estudios, está en Collontala, cerca de
Belluno.
Desde octubre de 1545 hasta 1548, en que fue llamado a Aubsburgo, Tiziano se instaló en Roma bajo el mecenazgo del papa Pablo III, a quien retrató en varias ocasiones. Precisamente para su familia, los Farnesio, realizó varias obras: Magdalena penitente, Ecce homo y la primera versión de Danae, que se conserva en el Museo de Capodimonte. La ciudad de Roma le concedió en 1546 la ciudadanía, prestigioso reconocimiento en el que su inmediato predecesor había sido Miguel Ángel. Tras su regreso de Alemania, realizó una breve parada en Florencia, donde el estilo de Tiziano fue rechazado por el duque Cosme I de Médicis, que prefería el dibujo de Bronzino y el academicismo de Vasari. En 1550, volvió a ser llamado por el emperador para pintar un retrato del príncipe Felipe, que fue enviado como presente a Inglaterra para pedir la mano de la reina María I.
Últimos Años de Tiziano (1550 - 1576)
Durante sus últimos veinticinco años (1550-1576), el artista quedó absorbido cada vez más por su faceta de retratista y se volvió más autocrítico, con un insaciable perfeccionismo que le impidió terminar muchas obras.
Algunas de ellas quedaron en
su estudio durante al menos diez años,
durante los cuales no se cansaba de
retocarlas, añadiéndoles constantemente
nuevas expresiones más refinadas, concisas o
sutiles. Para cada obstáculo que encontraba
en la ejecución de sus lienzos, Tiziano
ideaba una nueva y mejorada fórmula. Nunca
alcanzó cotas tan altas en emoción y
tragedia como en La coronación de espinas
(Museo del Louvre), en la expresión del
misterio y la divinidad de Los peregrinos
de Emaús o del heroísmo y la soberbia de
El Dux Grimani adorando a la Fe
(Palacio Ducal de Venecia) o de la
Trinidad (Museo del Prado).
Por otro lado, sus pinturas más conmovedoras fueron realizadas en esta etapa de senectud: las Danae de Nápoles y de Madrid, la Antíope del Louvre, el Rapto de Europa (en Boston, colección Gardner), etc. Incluso trató problemas de claroscuro en los efectos nocturnos de sus escenas, como El martirio de San Lorenzo (iglesia de los jesuitas de Venecia) o San Jerónimo (Louvre). Siempre mantuvo un dominio característico del realismo, como se pueden comprobar en los magníficos retratos de esta época, como los de Felipe II, los de su hija Lavinia o varios autorretratos.
La relación de Tiziano con Felipe II fue igual de fructífera e intensa que con su padre. A partir de 1552, en que comunicó al entonces príncipe Felipe el envío de un Paisaje y la Santa Margarita con el dragón comenzó una correspondencia que mantendrían ininterrumpidamente y que se intensificaría con el transcurso de los años. El tema principal de esta correspondencia fue por parte del mecenas real la reclamación de las obras en curso de ejecución y por parte del artista la solicitud de los pagos atrasados. Sin embargo, los pedidos eran abundantes y, aunque Tiziano no pisó la corte de Madrid para retratar al rey, sí le remitió un gran número de obras. Algunas fueron de tipo religioso como el Entierro de Cristo, la Oración en el Huerto y el Martirio de San Lorenzo para el Monasterio de El Escorial, otras de corte mitológico como las Poesías a que se refiere en sus cartas o una serie de Venus y otras composiciones de carácter patriótico como Felipe II ofrece al cielo al infante don Fernando, encargada por el rey en 1571 en conmemoración de la victoria de Lepanto y la Religión socorrida por España del Museo del Prado.
Tiziano, debido a su posición social,
concertó un buen matrimonio a su hija
Lavinia con Cornelio Sarcinelli of
Serravalle. Ésta sustituyó a su tía Orsa,
fallecida por aquel entonces, al frente de
la Casa Vecelli, muy próspera por los
señoriales ingresos del artista. La boda se
celebró en
1554, pero Lavinia murió de parto en
1560.
Tiziano acudió hacia 1555 al Concilio de Trento, punto de partida de la Contrarreforma de la Iglesia de Roma, y que precisaba de artistas como él para crear la iconografía necesaria para expandir su mensaje ideológico. El artista realizó una pintura de las sesiones del concilio, hoy perdida, de la que existe una copia en el Museo del Louvre. El amigo de Tiziano, Pietro Aretino, falleció por sorpresa en 1556 y en 1570 murió otro amigo íntimo del pintor, Jacopo Sansovino. En septiembre de 1565, Tiziano acudió a Cadore y diseñó la decoración de la iglesia del pueblo, parcialmente ejecutada por sus discípulos. Entre las pinturas que la decoraba destacamos una Transfiguración y una Anunciación (hoy en la iglesia del Salvador de Venecia), en la que inscribió "Titianus fecit", como modo de protesta (según su propio testimonio) contra las críticas de los que pensaban que era demasiado mayor para un encargo así.
En
1566, Giorgio Vasari visitó al maestro
en Venecia para llevarle un nombramiento
honorífico, junto con los de
Andrea Palladio y
Tintoretto, de miembro de honor de la
Academia de Artistas de Florencia. En su
encuentro en el taller de Tiziano, Vasari
reseña que "aunque era muy viejo, lo
encontré con los pinceles en la mano".
Continuó aceptando encargos hasta el fin de sus días. Tiziano había elegido como lugar de su enterramiento la capilla de la Crucifixión de la iglesia de Santa María dei Frari y como pago por la tumba, ofreció a la comunidad franciscana una pintura de la Piedad, que sería a la postre su última obra. En la Piedad se retrató a sí mismo y a su hijo Horacio ante el Salvador, acompañados de una sibila. Cuando el lienzo estaba a punto de ser terminado, surgieron algunas diferencias por la escena y Tiziano decidió ser enterrado en su pueblo natal.
Tiziano rondaba los noventa años cuando la peste negra asoló Venecia. Murió a consecuencia de la epidemia (curiosamente por el mismo motivo que su compañero Giorgione), el 27 de agosto de 1576. El Senado veneciano derogó una severa medida que obligaba a incinerar los cadáveres de las víctimas que morían de esta enfermedad y permitió que sus restos recibieran sepultura en la iglesia de los Frari (a pesar de las rencillas por la Piedad). El Senado pagó sus funerales que allí y en la Basílica de San Marcos se celebraron en su memoria. La Piedad fue terminada por Palma el Joven, pero paradójicamente no le acompañó en su sepulcro; otra obra suya, la Pala Pesaro, se encuentra cerca de éste. En principio nada en especial adornaba su tumba hasta que el gobierno austríaco que invadió Venecia a fines del siglo XVIII encargó a Antonio Canova un monumento conmemorativo que fue terminado en 1795.
Inmediatamente después de su muerte, su hijo y discípulo Horacio murió en el mismo brote epidémico. Su suntuosa mansión fue saqueada en ese momento.
