Arte
el
Clasicismo
Clasicismo:
Con
este nombre se conoce al
arte de la antigüedad
grecorromana e impropiamente a todas aquellas corrientes y
movimientos artísticos que se inspiran o tratan de imitar los cánones o normas de
arte
grecorromano. por extensión. También se denomina como
arte clásico aquel
que en una determinada época de
esplendor de un país y
que
posteriormente, pasado el tiempo,
se toma como modelo
Pintura clasicista
La
pintura
clasicista es una de las tendencias o corrientes pictóricas
que que se desarrolló en el siglo XVII y representaba una
alternativa a la
pintura barroca. Como reacción al nuevo
emperador de
manierismo de finales del siglo XVI, surgieron
en Italia dos tendencias: el caravagismo y el clasicismo.
Ambas se enmarcan cronológicamente dentro de la
pintura
barroca, pero sus características son distintas a las del
barroco pleno, como señaló el historiador suizo Heinrich
Wölfflin:
-
Predominó el dibujo sobre el color;
-
El
espacio se construye mediante planos sucesivos, sin las
bruscas diagonales barrocas;
-
Las
obras son cerradas, no abiertas, con las figuras
colocadas en el centro de la composición;
-
Las
formas se distinguen nítidamente y son independendientes,
a diferencia de la "subordinación al todo" barroca;
-
No hay
aquí violentos contrastes ni actitudes exageradas
Clasicismo
tema extendido del clasicismo
El
clasicismo es una corriente estética e intelectual que tuvo
su apogeo en
los siglos XVII y XVIII.
El
clasicismo es uno de los pilares en que se apoya el
Renacimiento, con una vuelta hacia las formas clásicas
(griegas y
romanas) en todas las artes. Esta vuelta se ve no
sólo en las formas y estilos, es también una vuelta
temática. Hay que pensar que el
arte religioso había
presidido el
románico y el
gótico, con lo que un arte más
realista y cercano en la forma fue una revolución, lo que se
conjuntó con temáticas más paganas, aunque a menudo
cristianizadas.
Temas
mitológicos pueblan las pinturas, las
esculturas y la lírica
desde finales del siglo XV, naciendo en Italia, pero
propagándose rápidamente por Europa, también es tema clásico
el bucolismo pastoril.
Se expresó
en todos los dominios del
arte, desde la
arquitectura y la
música hasta la
pintura y la
literatura. Suplantó
progresivamente al
Barroco, dejando espacio al
Romanticismo
antes de renovarse a través del Neoclasicismo.
El clasicismo en
pintura
En la
pintura, y lo mismo
que el
caravagismo, el clasicismo es una reacción al manierismo que tiene su
origen en Italia, donde surge el clasicismo romano-boloñés
Tiene su
origen en Bolonia, ciudad intelectual y universitaria que
reacciona frente a las formas caprichosas del
manierismo
optando por una
pintura más realista pero buscando la
belleza ideal y la expresión de los caracteres y estados de
ánimo como hicieron en el arte de la
antigua Grecia o en el
Renacimiento. En este punto se aleja del
naturalismo caravagista.
Se
difundió entre los eclesiásticos, pues se apartaba de la
vulgaridad caravagista, y también en los medios cultos que
veían la posibilidad de narrar historias mitológicas y
alegorías.
Cultivó un
tipo de paisaje sereno y equilibrado, en el que a menudo
aparecen ruinas clásicas. Este paisaje «clasicista» o
«heroico» se difundió especialmente en Francia.
Los
boloñeses hermanos Annibale (†1609) y Agostino Carracci
(†1602), así como su primo Ludovico Carracci (†1619) fueron
los primeros cultivadores de esta corriente. Crearon la
«Academia de los Deseosos» (después, «de los Encaminados»)
con la finalidad de enseñar a los pintores tanto las
técnicas artísticas como una formación humanista. La obra
maestra de Annibale Carracci, ejecutada con la ayuda de
colaboradores, es la bóveda de la gran galería del palacio
Farnesio, en
Roma, inspirada por la Capilla Sixtina de
Miguel Ángel.
Entre los
principales seguidores de Carracci están Domenichino
(†1641), Guido Reni (†1642) y Albani. Influidos por la
pintura barroca están Giovanni Lanfranco (†1647) y la obra
de comienzos de Guercino (†1666), quien posteriormente se
convierte en un severo clasicista siguiendo el modelo de
Reni.
Carlo
Maratta (1625-1713) es el pintor que, a finales de siglo,
sirve de enlace entre este clasicismo del
Barroco con el
neoclasicismo del siglo XVIII.
El
clasicismo romano-boloñés se extendió a otros países, como
Francia. El Clasicismo francés se divulgó especialmente
durante el reinado de Luís XIV, siendo el estilo favorito de
la corte parisina, mientras que entre la burguesía y la
Iglesia de provincias arraiga el caravagismo. Se da en el
último tercio del siglo XVII. Se considera que el fundador
fue Nicolas Poussin (1594-1665), que vivió en
Roma y gustó
del estilo de los clasicistas romanos, especialmente de Domenichino. La pretensión fundamental es la de imitar los
modelos de la
Antigüedad pero unido a una tendencia
barroca.
El otro
gran maestro del clasicismo francés fue Claudio Lorena
(1600-1682), que cultivó especialmente el paisaje. Influyó
en corrientes pictóricas muy posteriores, como el
Romanticismo y en el impresionismo.
Este
movimiento se prolonga en el Academicismo a lo largo del
siglo XVIII paralelamente al Rococó. Resurgirá en el estilo
neoclásico.

El clasicismo en música
En música, es el estilo
caracterizado por la evolución hacia una música equilibrada entre estructura
y melodía. Ocupa la segunda mitad del siglo XVIII. Franz Joseph Haydn,
Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven son tres de sus
representantes más destacados
El clasicismo francés
El clasicismo francés es
un movimiento pictórico desarrollado en la Francia del siglo XVII. Se
enmarca dentro de un movimiento más amplio, el clasicismo que, como
alternativa al
barroco, se originó en Italia y también tuvo sus
manifestaciones en los Países Bajos del sur (escuela de Lieja)
Nota Escuela de Lieja
En Flandes se desarrolló
un estilo clasicista en torno a la escuela de Lieja, opuesta a la de
Amberes. El principal representante de esta tendencia fue Gérard de Lairesse.
Otros pintores que pueden enmarcarse dentro de ella son: Berthollet Flémalle,
Jean-Guillaume Carlier, Englebert Fisen y Lambert Blendeff.
Historia del clasicismo francés
El estilo clasicista de Luís XIII
A
principios del siglo XVII coincidieron el final del
manierismo y el principio del
barroco en la corte de María
de Médici y Luis XIII. El arte de este periodo mostró
influencias del norte de Europa tanto de la escuela
holandesa como de la flamenca y de los pintores romanos de
la Contrarreforma. Entre los artistas se suscitó un debate
entre los partidarios de
Rubens (color, libertad,
espontaneidad, el
barroco) y los partidarios de Nicolas
Poussin (dibujo, control racional, proporción, el clasicismo
romano). A principios de siglo, además, destaca el
caravagismo, tendencia pictórica influida por
Caravaggio y
que tuvo en Francia su máximo exponente con
Georges de La
Tour con sus cuadros iluminados con velas.
Así como
el
tenebrismo tuvo éxito en la Francia de provincias, el
clasicismo arraigó en la corte y en París, entre un público
de aristócratas y la alta burguesía. El clasicismo francés
de la época de Luis XIII estuvo dominado por las figuras de
dos artistas que trabajaban en Roma: Nicolas Poussin y
Claudio Lorena y se vieron a su vez influidos notablemente
por el clasicismo de Annibale Carracci y sus seguidores. De
este último se destacan sobre todo los paisajes, que influyó
en el
romanticismo. Tanto
Nicolas Poussin como Lorena satisfacían
ante todos los gustos de los coleccionistas franceses,
especialmente de Richelieu y Mazarino, que adquirían sus
obras.
Otro
pintor que también desarrolló su carrera en Roma, pero cuyas
obras se adquirían en Francia, fue Gaspard Dughet. En París
trabajaron Laurent de La Hyre y Jacques Stella.
En la
corte francesa se cultivó igualmente el retrato, destacando
sobre todo en este punto la obra de Philippe de Champaigne,
que cultivo tanto el retrato sencillo, íntimo, de gran
penetración psicológica, como el cortesano, en que que se
presentan a los reyes y las grandes figuras con todo su
esplendor. El retrato de corte suele ser de pie, con
accesorios como columnas o cortinajes. En las pinturas de Ph.
de Champaigne destacan dos retratos de Luís XIII, el triple
retrato del cardenal Richelieu y los retratos de miembros de
los jansenistas, grupo al que perteneció desde 1645.
Aticismo
( Tema principal el clasicismo )
A mediados
de siglo la corriente dominante fue el aticismo, estilo
caracterizado por sus peculiares refinamientos. Representan
esta tendencia Eustache Le Sueur, Sébastien Bourdon, Nicolas
Chaperon y Nicolas Loir.
Se trata
de una corriente que se produjo sobre todo en París. Solían
pintar por encargo de mecenas, tanto de la iglesia como
laicos.
Los
aticistas prefirieron representar temas de la Antigüedad
clásica, tratándolos de manera preciosista. Las
composiciones son sencillas, pero dentro de ellas había
códigos y símbolos que los refinados comitentes sabían
descifrar.
Los
personajes aparecen en actitudes tranquilas, reposadas,
estáticas. Estaban vestidos de forma elegante, con ropas que
se doblaban y ondulaban a la manera clásica. Los gestos eran
delicados, las expresiones frías.
Predomina
el
dibujo sobre el color, siendo este de las tonalidades
suaves, como el gris o el rosa. El único color con cierta
intensidad es el azul.
Pintaban
sobre telas encoladas directamente en el entablado a la
francesa.
El
clasicismo en La
corte de Luís XIV
Aunque con
algún predecesor, Nicolas Poussin se convirtió en pintor de
la corte. La mayor parte de su vida transcurrió en Roma. El
Cardenal Richelieu le ordenó regresar a Francia para
ostentar este cargo aproximadamente un año, muriendo en
1665. Nicolas Poussin es autor de un tratado, La expresión
de las pasiones.
Durante el
reinado de Luis XIV, el clasicismo se identificó con el
"gran gusto", siendo la figura más influyente fue
Charles Le Brun, aticista en su juventud, que marcó el estilo oficial
de la época. Aunque el iniciador es considerado Simon Vouet,
antiguo
tenebrista, es sin duda
Charles Le Brun la figura académica
por excelencia, y quien mejor supo defender el ideal
artístico del Rey Sol. Fue nombrado Primer Pintor del Rey en
1664, y dirigió los trabajos de Versalles.
Fue
determinante la creación, en 1648, de la Academia Real de
Bellas Artes, bajo los auspicios del cardenal Mazarino, con
lo que se creaban unas líneas artísticas oficiales al
servicio de la monarquía.
Gracias a
la Academia y a los encargos del rey Luis XIV para la
decoración de Palacio de Versalles, el clasicismo hará de
esta tendencia el movimiento oficial de Francia e influirá
ampliamente sobre toda una generación de pintores franceses
y del resto de Europa.
Pierre
Mignard, sucesor de
Charles Le Brun, siguió la misma tendencia, pero
con mayor
fastuosidad.
La
academia estableció la jerarquía de géneros en
pintura,
ocupando el último lugar el paisaje y siendo el más noble de
los géneros la
pintura de
historia. Esta empleaba una
retórica pictórica muy marcada y un sentido estricto de lo
que se consideraba decoroso.
En 1672,
Charles
Le Brun se muestra partidario de la línea (Poussin) en
detrimento del color (Rubens). Así, da el carácter y
normativiza el estilo clásico, la obra de Poussin simboliza
las virtudes de la claridad, la lógica y el orden,
principios del academicismo.
En el
retrato de corte destacaron Hyacinthe Rigaud y Nicolas de
Largillière. Éste, y Jean Jouvenet personifican los últimos
momentos de esta corriente.
Estilo del clasicismo

Como en
otras disciplinas, el clasicismo en
pintura
tiende hacia un
ideal de perfección y de belleza, inspirado de lo que se
cree entonces que eran las virtudes de la Antigüedad.
Se hacen
composiciones al fresco, sobre todo para la decoración de
cúpulas, y óleos sobre lienzo de tamaño más pequeño que el
usual de la
pintura barroca.
La
pintura
escoge los temas nobles y preferentemente inspirados de la
antigüedad o de la mitología grecorromana. No obstante, eran
también frecuentes los cuadros religiosos. También se
cultiva el retrato, comenzando por los del rey, en fastuosas
disposiciones, y siguiendo por los de nobles y burgueses que
deseaban hacerse retratar.
Finalmente, cobra gran importancia el paisaje, tratado "a la
italiana", esto es, vistas con edificios en perspectiva y
concediendo gran importancia a la luz. Los pintores tomaban
apuntes del natural pero luego recreaban esos paisajes en
sus estudios, usándolos como decorado para las escenas
mitológicas.
La
composición y el
dibujo deben primar sobre el color y el
concepto sobre la seducción de los sentidos. Las
composiciones son cerradas, tendiendo a un esquema
piramidal, con figuras centradas; no se representa con
realismo, sino que los personajes se idealizan. Están
posando, con tranquilidad, evitándose las posturas forzadas
o exageradas tan propias del
barroco.

Principales pintores clasicistas:
-
Nicolas Poussin (1594-1665)
-
Jacques Stella (1596-1657)
-
Philippe de Champaigne (1602-1674)
-
Claudio de Lorena o Claude Gellée (h. 1602-1682)
-
Gaspard Dughet (1615-1675)
-
Laurent de La Hyre (1606-1656)
-
Nicolas Chaperon (1612-1651), aticismo
-
Pierre
Mignard (1612-1695)
-
Eustache Le Sueur (1616-1655), aticismo
-
Sébastien Bourdon (1616-1671), aticismo
-
Charles Le Brun
(1619-1690), aticismo en su juventud
-
Nicolas Loir (1624-1679), aticismo
-
Jean
Jouvenet
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